jueves, 5 de noviembre de 2026

BIRRA MATA SANTOS


 ¡Qué sabroso es una cerveza! Sin duda alguna hay algo en esa bebida amarga que refresca y al mismo tiempo posee la capacidad de combinar la sencillez popular y una milenaria tradición artesanal.

La cerveza tal como la conocemos hoy —higiénica, bien conservada gracias al lúpulo y asociada a estándares de calidad— es en gran medida una creación de la cultura cristiana monástica.

De hecho, la herencia monástica directa aún sobrevive, a través de dos grandes categorías: las cervezas trapenses (elaboradas dentro de estrictas regulaciones monásticas) y las cervezas de abadía (que rinden tributo a recetas y tradiciones históricas de monasterios, aunque hoy se produzcan comercialmente).

Como vemos, la cerveza y la Iglesia nunca han estado, ni están, ni estarán (a Dios gracias) enfrentadas ni peleadas. Todo lo contrario, la Iglesia Católica ha sido una de las mayores protectoras, perfeccionadoras y promotoras de la cerveza en Occidente.

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Recientemente se celebraron los premios CIMA en Caracas, un certamen de reconocimiento a la excelencia, la estrategia y la creatividad en la industria de la publicidad, el mercadeo y la comunicación comercial en Venezuela.

Estos premios se han consolidado como el principal "termómetro" para evaluar el impacto real y los resultados de las ideas en el mercado nacional.

Certámenes así, siempre son convenientes y positivos, pues permiten conocer y generar interés en iniciativas que impactan positivamente al desarrollo del país.

Los premios CIMA, como en todo concurso de este estilo, tienen varias categorías en las cuales se premian áreas específicas como Branding, Out of Home, Audio o Dirección de Arte. Pero el máximo reconocimiento que se otorga es el premio Ápice, donde se distingue a la campaña o caso que logra el mayor nivel de excelencia integral.

Según me explican, los criterios fundamentales para obtener este reconocimiento suelen atender a la creatividad y concepto (originalidad, innovación narrativa y calidad de ejecución); la estrategia y efectividad (resultados de negocio tangibles y medibles); y por último – acaso el más importante – el impacto cultural o social (la capacidad de la pieza o proyecto para conectar emocionalmente con la audiencia y generar conversación masiva).

En la edición 2026, la campaña que resultó ganadora del premio Ápice, fue la propuesta presentada por una importante empresa de cervezas.

En cuanto a lo creativo del concepto, esta campaña se basó en aprovechar un doble sentido local entre una "ronda" de cervezas y el apellido de un destacado futbolista, para así de un malentendido – digamos – chistoso terminar en un pedido de cervezas para celebrar.

Sobre la estrategia y efectividad, asumo y espero que les haya resultado provechoso para el aumento de ventas y consumo de cervezas durante la fase de eliminatorias mundialista.

Por último, en cuanto al impacto social o cultural, la campaña buscó apoyarse en el fútbol (y en la selección nacional) a fin de mostrar un factor de unión entre venezolanos, mediante la figura de un ídolo deportivo querido por todos los sectores, afianzando así el orgullo, la identidad nacional y la convivencia en paz.

Ciertamente 2025 puede haber sido, del tiempo post pandemia, el año más crispado en términos de conflictividad, tensión política, deterioro social y crisis económica. El país requería con urgencia algún alivio.

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Cuando en febrero y luego en marzo de 2025 se reciben las respectivas noticias de canonización del doctor José Gregorio Hernández y de la madre Carmen Rendiles, el país todo se llenó de profunda ilusión. Fueron ellos los dos primeros santos venezolanos.

Un santo es aquella persona común, de carne y hueso, que logra vivir con el corazón completamente abierto al amor de Dios en lo cotidiano. Es decir, mujeres y hombres que se destacan por su fe, sus virtudes morales y su amor al prójimo.

Ante los portentosos anuncios vaticanos, la iglesia venezolana decidió salir a comunicar aquella noticia, no como un evento religioso puntual, sino como una oportunidad para movilizar a todo el país en torno a una causa que promoviera valores, identidad y acción social: una causa-país.

En un país roto, herido, dividido, agobiado, cansado, asustado, amenazado, exhausto, quizás la algarabía pueda servir momentáneamente de remanso, pero todos sabemos que no es nunca la solución.

Las verdaderas soluciones a las crisis de los países, se encuentran en la fortaleza de sus ciudadanos que, de manera consciente y libre, se apuntan a un propósito común.

Fue justamente este el ofrecimiento que la Iglesia Católica se propuso con la campaña “Santos para Todos”.

La campaña se diseñó y se ejecutó para proyectar la santidad no como un ideal lejano, sino como una vocación cercana, cotidiana y accesible a todos los venezolanos.

A través de una narrativa integradora y ecuménica, se buscó articular el orgullo nacional con la fe, resaltando cómo dos figuras históricas de la sociedad venezolana —un médico laico y científico, y una religiosa educadora— encarnaron el servicio, la caridad y la reconciliación.

La estrategia combinó acciones en medios masivos, redes sociales, actividades en parroquias y alianzas con sectores sociales y culturales para unir al país en torno a una celebración colectiva: la «Fiesta de la Santidad».

Pero no una fiesta como simple ocasión de algarabía, sino como una oportunidad de causa-país, de sanación colectiva. Un pretexto para que personas de distintas posturas políticas, filosóficas o religiosas pudieran mirar en una misma dirección y para reconocernos como ciudadanos de una misma nación.

Santos para todos, si bien en su origen nace como un evento religioso, se quiso convertir en una campaña de comunicación estratégica orientada a responder a una necesidad social y psicológica profunda del país. Es por ello que, con conmovedora sensibilidad y apertura, CIMA aceptó la postulación de la campaña de Santos para Todos.

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La agencia de publicidad Leo Burnett para evaluar la calidad y creatividad de sus campañas en todo el mundo, utiliza como herramienta la escala GPC (Global Product Committee) de HumanKind, con la cual persigue garantizar que las ideas publicitarias no se queden en simple "relleno comercial", sino que aspiren a ser memorables, útiles e inspiradoras para las personas.

Para ello, no se enfoca tanto en "consumidores", sino que se dirige a seres humanos; no atiende solo a vender productos, sino que debe haber un propósito; y por último, pretende presentar ideas que transformen positivamente el comportamiento humano.

Así pues, una campaña será una gran campaña en la medida que cambia 3 cosas: la manera en la cual las personas piensan y sienten, la forma en que las personas viven y, ¡vaya meta!, logre cambiar el mundo.

A eso atendía la campaña Santos para Todos.

Sin embargo, la campaña de la santidad, no ganó el premio Ápice 2026.

Para decirlo en coloquial: “birra mató santos”.


Juan Salvador PÉREZ


* Artículo publicado en El Nacional https://www.elnacional.com/columnas/2026/11/birra-mata-santos/

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