martes, 27 de enero de 2026

La abolición del hombre. La crítica cristiana del posthumanismo


Esta reciente publicación, titulada "La abolición del hombre. La crítica cristiana del posthumanismo", es una obra colectiva editada por Mario Di Giacomo Z. y Jesús Hernáez, publicada en 2026 por el Instituto de Teología para Religiosos (ITER) y el Centro de Investigación Teológica (CIT) en Caracas, Venezuela. El libro reúne diversas perspectivas filosóficas, teológicas y jurídicas que analizan de forma crítica los retos que plantean el transhumanismo y el posthumanismo desde una visión cristiana.

La obra se abre con una introducción titulada "Tecnocracia y control digital. La autodivinización del hombre posthumano". Este texto es fundamental porque establece el marco ético y filosófico de todo el libro.

Los puntos clave de la presentación son:

  • La Advertencia de C.S. Lewis: El título del libro rinde homenaje a C.S. Lewis. Los editores plantean que, bajo la promesa de "mejorar" la especie humana, el transhumanismo corre el riesgo de "abolir" la esencia misma del ser humano, convirtiéndolo en un objeto de manufactura tecnológica.
  • Crítica a la Ideología Posthumana: Se analiza cómo autores como Rosi Braidotti proponen un "igualitarismo" entre humanos, animales y máquinas que, en la práctica, diluye la dignidad humana única.
  • La "Religión" de los Datos: La presentación denuncia que la tecnología ha pasado de ser una herramienta a una forma de "redención profana". Se critica la idea de que la salvación del hombre ya no viene de Dios, sino de la transferencia de la conciencia a la nube o de la edición genética.
  • El Control Social: Se advierte sobre una "jaula de acero digital", donde el control de los datos personales y la inteligencia artificial pueden dar lugar a una tecnocracia que anula la libertad individual.

A lo largo de sus capítulos, el libro profundiza en varios ejes temáticos:

  • Filosofía y Teología: Examina la diferencia entre la "inmortalidad digital" (posthumanismo) y la "resurrección" (cristianismo). Argumenta que el sufrimiento y la finitud son partes esenciales de la experiencia humana que la tecnología no debería intentar eliminar por completo.
  • Ética y Bioética: Cuestiona hasta qué punto es lícito modificar el cuerpo humano y cuáles son las consecuencias de tratar al ser humano como un "hardware" actualizable.
  • Justicia y Derecho: Analiza cómo la Inteligencia Artificial impacta en el sistema judicial. Se destaca que una máquina puede procesar datos, pero carece de la empatía y la intuición necesarias para impartir verdadera justicia.

El libro no es un ataque a la tecnología en sí, sino una llamada a la prudencia. Los autores defienden un "humanismo realista" que abrace la fragilidad humana en lugar de intentar ocultarla tras algoritmos.

Es una lectura esencial para quienes deseen comprender los riesgos éticos de la era digital desde una perspectiva humanista y cristiana, recordándonos la cita de Pascal que cierra el volumen: "El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan".

Juan Salvador Pérez

lunes, 19 de enero de 2026

La Fe “líquida” y el retorno a la religión en la era de la IA


La idea que se nos vendió (sobre todo a finales del siglo XIX y buena parte del XX) de la secularización absoluta, aquella que vaticinaba un mundo donde la ciencia y la técnica desplazarían definitivamente a la fe, ha demostrado estar errada – gracias a Dios – al llegar a 2026.
 
Ahora bien, lo que sí observamos hoy, especialmente en el contexto de la juventud global y la realidad latinoamericana, no es una desaparición de lo religioso, sino una metamorfosis profunda: una migración desde las instituciones religiosas hacia espiritualidades ágiles, digitales y, paradójicamente, a veces más radicales y tradicionales.
 
El fenómeno de la "Generación Re-enlazada"
 
En el panorama mundial, la Generación Z y los primeros Alpha están protagonizando lo que algunos sociólogos llaman el "giro existencial". Tras décadas de racionalismo digital, los jóvenes enfrentan una crisis de sentido que la tecnología, por sí sola, no ha podido llenar. Esto ha generado una bifurcación: por un lado, un rechazo a la burocracia eclesial (evidenciado en la crisis de vocaciones consagradas en Europa y el Cono Sur) y, por otro, un hambre de mística.
 
Resulta irónico que, en plena era de la Inteligencia Artificial, el interés por la liturgia antigua, el silencio y la meditación profunda esté creciendo. La fe ya no se hereda por inercia social; se elige como un – digamos – acto de resistencia frente a la "liquidez" (en términos de Zigmunt Bauman) de la modernidad.
 
El "Tsunami" Evangélico en Venezuela y la Región
 
El avance de los evangélicos en Latinoamérica es muestra evidente de esta transformación. Particularmente en Venezuela, este crecimiento no puede entenderse únicamente como un fenómeno teológico, sino como un fenómeno de supervivencia y pertenencia.
Mientras el catolicismo se preocupa y ocupa en mantener sus raíces e infraestructuras históricas, el movimiento evangélico ha demostrado una plasticidad asombrosa. En Venezuela, donde el tejido social se ha fracturado, la iglesia evangélica de barrio se ha convertido en el nuevo "centro cívico". Con un crecimiento que ya alcanza al 31% de la población, este sector ha capitalizado la necesidad de respuestas inmediatas y liderazgos más horizontales. Aquí, la fe no es solo una creencia; es una red de protección social y una herramienta de empoderamiento emocional.
 
La Espiritualidad Algorítmica: ¿Ayuda o Sustitución?
 
El ingreso de la Inteligencia Artificial en la vida de oración añade una capa de complejidad inédita. Los jóvenes cristianos de hoy no ven contradicción entre usar un modelo de lenguaje para estudiar las Escrituras y asistir a un culto dominical. Sin embargo, este es el punto de mayor fricción crítica: ¿puede una IA capturar la dimensión del "misterio"?
La democratización del conocimiento teológico a través de la IA es un avance sin precedentes, pero corre el riesgo de convertir la fe en un producto de consumo optimizado por algoritmos. Si la religión se vuelve demasiado "útil" o "personalizada" según el gusto del usuario, corre el riesgo de perder su capacidad de interpelar y transformar la realidad social.
 
A manera de conclusión: El Cristianismo (una vez más) ante el umbral de una Nueva Era
 
La metamorfosis del cristianismo de estos últimos años, nos sitúa en un punto de inflexión histórico. Tras analizar la crisis de las vocaciones tradicionales, el vigor del movimiento evangélico en Venezuela y la integración de la inteligencia artificial, podemos extraer tres tesis fundamentales que definirán el futuro próximo:
 
1. Del "Ciudadano Religioso" al "Nómada Espiritual"
¿Estaremos presenciando el fin de la era del cristianismo por herencia o geografía? El joven venezolano o latinoamericano de hoy ya no es cristiano porque "el país lo sea", sino que atraviesa un proceso de elección consciente. Esta "fe de elección" es mucho más volátil, pero a su vez, más intensa. La conclusión no es que la religión muera, sino que para cada muchos – ya cada vez más – se está volviendo personalizada y portátil. Dado esto, las instituciones que sobrevivan no serán tanto aquellas que ostenten edificios históricos, sino las capaces de ofrecer una identidad sólida en un mundo hiperconectado y al mismo tiempo fragmentado.
 
2. La Paradoja de la Comunidad en la Era Digital
El crecimiento de las confesiones evangélicas en sectores populares de Venezuela revela una verdad incómoda para el secularismo: el ser humano tiene una necesidad ontológica de comunidad física y apoyo mutuo. Mientras la IA puede resolver dudas teológicas en segundos, no puede estrechar la mano de quien sufre ni organizar una olla comunal en un barrio de Caracas. El desafío para las instituciones religiosas no será competir con la IA o la secularidad, sino ofrecer una autenticidad humana que ninguna máquina pueda replicar: el acompañamiento humano.
  
3. El Surgimiento de una "Ortodoxia Radical"
Finalmente, observamos que, ante la incertidumbre global la respuesta de los jóvenes que permanecen en el cristianismo no es la dilución, sino la profundización. Hay un rechazo hacia un cristianismo tanto "tibio" como meramente social. El interés por las nuevas vocaciones en el Sur Global (África y partes de Asia) y el retorno a liturgias solemnes en Occidente sugieren que el futuro del cristianismo será más pequeño en número en algunas regiones, pero mucho más radical (de raíz, en el sentido literal del término) en su compromiso.

En definitiva, En definitiva, el cristianismo tanto en Venezuela como en el mundo pareciera estar abandonando su traje de "institución de poder" para recuperar su traje de "movimiento de resistencia". Ya sea a través de una aplicación de IA o en un culto pentecostal en una zona rural, la fe está mutando para sobrevivir a un siglo que prometía ser ateo y que, sin embargo, se encuentra más sediento de trascendencia que nunca. Ya lo decía el teólogo jesuita Karl Rhaner S.J.: «El cristianismo del siglo XXI será místico o no será».
 

Juan Salvador Pérez

viernes, 16 de enero de 2026

¿Puede un algoritmo entender la dignidad? La ética humanista en la era de la IA


 Mientras el mundo se maravilla ante la velocidad de procesamiento de la Inteligencia Artificial y su capacidad para generar respuestas en segundos, como humanistas nos enfrentamos a una pregunta mucho más inquietante. Mi preocupación no es si las máquinas llegarán a "pensar" como nosotros, sino si nosotros, en el proceso de adoptarlas, estamos olvidando cómo discernir.

Hemos entrado en una era donde la técnica parece avanzar sin necesidad de justificación. Sin embargo, la historia nos ha enseñado que el progreso sin propósito es, a menudo, el prólogo de grandes crisis sociales.

El algoritmo no tiene prójimo

Desde la filosofía y, muy especialmente, desde el Pensamiento Social de la Iglesia, entendemos que el centro de cualquier actividad humana debe ser la Persona. La técnica es, por definición, una extensión de nuestras capacidades, no un sustituto de nuestra responsabilidad.

El dilema ético de la IA no es meramente técnico. Un algoritmo puede optimizar una cadena de suministro o predecir una tendencia de mercado, pero ¿puede entender el concepto de Bien Común? ¿sabe lo que significa la Solidaridad? ¿puede practicar la Subsidiaridad?

La IA puede calcular el costo de una decisión, pero no puede sentir el peso de su injusticia.

Humanizar la técnica en contextos complejos

En contextos como el nuestro, donde las brechas sociales son profundas y el tejido social e institucional es frágil, la implementación de la IA no es un tema neutral. Si la automatización se aplica sin un marco ético sólido, corremos el riesgo de tecnificar la exclusión.

¿Cómo garantizamos que la IA sea una herramienta que empodere al ciudadano y no que lo desplace? La respuesta no está en el código, sino en la Gobernanza Ética. Las organizaciones del siglo XXI no solo necesitan ingenieros de datos; necesitan, urgentemente, arquitectos de sentido. Necesitan líderes capaces de preguntar no solo "¿qué puede hacer esta tecnología?", sino "¿qué debe hacer esta tecnología para respetar la dignidad humana?".

Hacia una "Algor-ética"

El concepto de "algor-ética" —término que ha ganado relevancia en foros internacionales— nos invita a codificar valores en el desarrollo tecnológico. Para quienes hemos dedicado años al análisis del entorno y al pensamiento social, este es el nuevo gran desafío.

Mi compromiso en los próximos meses es profundizar en esta intersección: donde la filosofía se encuentra con la estrategia, y donde la ética guía a la innovación. El futuro de nuestras organizaciones y de nuestra convivencia social dependerá de nuestra capacidad para recordar que, detrás de cada dato y de cada línea de código, hay un rostro humano que merece ser reconocido.

La pregunta sigue abierta: ¿Estamos listos para liderar la tecnología desde el humanismo?


Juan Salvador Pérez

miércoles, 31 de diciembre de 2025

"MAGNIFICA HUMANITAS": LA PROPUESTA DEL PAPA PARA LA IA


Todo indica que la 1era encíclica del papa León XIV versará sobre la Dignidad Humana y la Inteligencia Artificial, pero ¿podría ser distinto? ¿no es este acaso el hecho social, cultural, político y religioso más relevante de nuestro tiempo?

Cuando en 1891, León XIII - el papa pionero de la Doctrina Social de la Iglesia - publicaba la encíclica "Rerum Novarum" (De las cosas nuevas), abordaba de manera valiente y profética el tema que la cuestión social, y lo hacía denunciando los graves problemas de la clase trabajadora surgidos tras la Revolución Industrial, la pobreza extrema, jornadas laborales extenuantes, explotación infantil, hacinamiento, pésimas condiciones de vida, falta de higiene y salud, y la brecha creciente entre ricos y pobres, evidenciando una crisis social tremenda.

La Iglesia - a finales del siglo XIX - alzaba su voz ante la inminente necesidad de buscar soluciones.

Hoy, pasados 135 años de aquella encíclica de León XIII, tanto la Iglesia como el papa actual están conscientes de la complejidad que representa la cuestión tecnológica.

Es acertado hablar de esta cuestión "tecnológica" de manera análoga a la "social" del XIX, porque la tecnología ha reconfigurado profundamente la sociedad, el trabajo, la identidad y el poder.

Ciertamente se han creado nuevas oportunidades (conectividad, avances médicos), pero también nuevos problemas (brecha digital, desempleo estructural, dilemas éticos, control de datos), convirtiéndose en un motor central de cambio con efectos transformadores similares a los que la industrialización tuvo en el siglo XIX, generando debates sobre progreso, equidad y riesgos sociales.

León XIV está claro. Ha avanzando en esa línea sin titubeo. Sin perder el foco en los vulnerables, los pobres y los más frágiles, el papa ha venido alertando sobre la actual "encrucijada" ante la cual se encuentra la humanidad en este momento.

El papa León XIV hace un llamado claro: hay que optar por la dignidad humana, es decir, reconocer siempre y ante todo el valor que cada persona tiene (y por ello compartido por todos) por el simple hecho de ser persona humana.

Se dice en los pasillos, que el título de esta primera encíclica será "Magnifica Humanitas" (Magnífica Humanidad). A mi me gusta mucho este título, me gusta mucho la esencia propia del título porque no sólo enaltece el concepto del ser humano elevándolo y colocándolo en el centro de toda la Creación, sino que además nos increpa a todos y cada uno de nosotros a redescubrir lo que nos hace ser mejores seres humanos y a ser garantes de ello.


Juan Salvador Pérez


LA DIGNIDAD HUMANA FRENTE A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: EL RETO PARA 2026



En mi trayectoria como Director de la Revista SIC, he tenido el privilegio de observar de cerca las transformaciones sociales de nuestro tiempo. 

Hoy, mientras avanzo en mi investigación doctoral sobre el pensamiento de Robert Spaemann, me encuentro con una pregunta que definirá la próxima década: ¿Qué lugar le queda a la dignidad humana en un mundo gestionado por algoritmos?

Spaemann nos recordaba que la dignidad no es una propiedad que se adquiere por méritos o capacidades; es el reconocimiento de que cada persona es un fin en sí misma y nunca un medio para un fin.

En la era de la IA, el riesgo no es solo que las máquinas "nos superen", sino que empecemos a tratar a las personas como simples conjuntos de datos o recursos optimizables. La Doctrina Social de la Iglesia nos ofrece una brújula clara en este sentido: el trabajo y la técnica deben estar al servicio del hombre, y no al revés.

Desde la ética de la IA, propongo tres pilares para el liderazgo que viene:

· Prioridad de la persona: Ninguna decisión algorítmica debe ser final sin una mediación humana que considere la singularidad de cada caso.

· Transparencia ética: El progreso técnico es ciego si no se fundamenta en valores de justicia y bien común.

· El valor de lo "no funcional": La dignidad reside precisamente en aquello que la IA no puede replicar: nuestra capacidad de amar, de sufrir, de conmoverse y de dar sentido a la existencia.

Para 2026, el mayor reto de las organizaciones no será la adopción tecnológica, sino la preservación de su humanismo. Como líderes, nuestra tarea es asegurar que la eficiencia nunca opaque la dignidad.


Juan Salvador Pérez