sábado, 24 de noviembre de 2012

REPENSAR EL MAL



Si el título de este libro de Andrés Torres Queiruga (Editorial Trotta. 2011) nos resulta denso, ni hablar entonces del subtítulo: de la ponerología a la teodicea.

Torres Queiruga, en un esfuerzo – vano – por abordar de manera filosófica un tema teológico, nos presenta un tratado profundo y muy serio sobre el origen del mal, sobre la manera de pensarlo, de repensarlo.

Utiliza como argumento medular para desarrollar su estudio, el famoso dilema de Epicuro: “O Dios quiere quitar el mal del mundo, pero no puede; o puede, pero no lo quiere quitar; o no puede ni quiere. Si quiere y no puede es impotente; si puede y no quiere, no nos ama; si no quiere y puede, no es el Dios bueno y, además, es impotente; si puede y quiere – y esto es lo más seguro – , entonces ¿de dónde viene el mal real y por qué no lo elimina?”.

Este ha sido y es el dilema sobre el mal y sobre Dios. De allí, el autor reconoce y plantea hoy dos puntos inesquivables: 1) para algunos, el mal se ha convertido en la “roca del ateísmo”, pues la imagen de un Dios bueno y omnipotente – la única coherente –resulta inaceptable. 2) para los otros, – creyentes – si Dios es amor y omnipotente, el mal o es misterio o  una contradicción.

Torres Queiruga comienza su “repensar” del mal sobre estas dos posiciones, partiendo primero por la postura secular, desde la ponerología, como si Dios no existiese, para luego concluir en una teodicea  - digamos - actualizada.

La ponerología como disciplina que estudia el mal (del griego ponerós, malo)  tras mucho deambular sólo puede concluir que en un mundo material y finito, el mal es inevitable. La finitud, que esta vida termine, que llegue a un final y ya, es pues, el mal mayor.

Pero esta postura – al menos para el creyente – resulta  escasa, contradictoria e insatisfactoria.

Surge entonces la teodicea. Pero no como la justificación de un Dios que permite el mal por razones misteriosas y punto, sino (y he aquí lo novedoso del planteamiento de Torres Queiruga) como la respuesta reflexiva que el hombre ante la inevitable aparición del mal – o la finitud – en el mundo material, consigue en la trascendencia de lo Infinito.

Hasta aquí la reseña de este libro. Pero dirán ustedes y con razón ¿y todo esto a qué viene?¿para qué sirve?

Repensar el mal no es ni debe entenderse sólo como un ejercicio para intelectuales ociosos o una discusión bizantina… porque el mal lo evidenciamos, lo sentimos, lo sufrimos y lo perpetramos todos nosotros, todos los días.

Impresiona, entristece y escandaliza ver como sociedades completas, terminan por descomponerse llegando a niveles horribles de crueldad.  Sucesos terribles como el surgimiento del III Reich, son muestra patética de cómo un puñado de hombres envilecidos, al tomar las riendas de un país (convenciendo a una parte y con el silencio de la otra), pudo conducirlo a la descomposición más aberrante.

El mal – nos dice Tomás de Aquino – es la ausencia de un bien debido. Es decir, sólo se enfrenta y se vence con bien, haciendo bien.

Viéndolo así, y pensando en esta Venezuela de hoy, el tema nos debe preocupar, o para ser más precisos, ocupar.

Juancho Pérez

lunes, 12 de noviembre de 2012

Algo va mal… ok, pero ¿podría ir mejor?



Algo va mal, es el nombre que Tony Judt da a su ensayo sobre – digamos – el malestar contemporáneo. Comienza su libro con una frase desoladora: “Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy.” Con esta expresión de denuncia profética, se lanza con fuerza y amplio dominio del escenario social y político del siglo pasado y lo que va de este, a cuestionar el aletargamiento del hombre actual.

1980 es la fecha para Judt, que marca el comienzo de la distorsión. Según él, las generaciones desde esa década en adelante (es decir, las nuestras), han sido formadas bajo la obsesionada y exclusiva búsqueda de la riqueza e indiferentes al resto. La consecuencia: la primacía de lo material, el desprecio de lo colectivo y lo público, la ceguera individualista, la creciente brecha entre ricos y pobres… Al final, obtenemos a un ser humano apoltronado en su comodidad y sólo preocupado en ello.

Si lo único que importa es producir riqueza, todo lo demás luce banal, y por supuesto también la política se banaliza. Los políticos se han convertido en tipos lights con mensajes lights.  Preocupados por parecerse cada vez más unos a otros, han desdibujado las fronteras ideológicas, han desaparecido los planteamientos serios, para ofrecer en cambio, la misma fórmula insípida de un prometedor bienestar, pero sin transmitir “ni convicción ni autoridad”.

Pero toda esta cultura de la comodidad, del bienestar, de la satisfacción material, toda esta ficción del éxito, choca y encuentra fin ante un concepto real, palpable y en peligroso crecimiento: la desigualdad.

¿Qué nos plantea Judt ante este panorama? No nos viene a hablar de socialismo, al que considera en el mejor de los casos un fracaso, y en el peor una excusa de dictadores. Tampoco nos vende el capitalismo, pues este no es un sistema político sino una forma de vida económica compatible con monarquías, dictaduras de derecha (caso Pinochet), repúblicas y hasta dictaduras de izquierda (caso China actual). Judt nos invita y nos propone algo diferente, nos habla de fraternidad, de actuar juntos para alcanzar una meta compartida. Nos resalta la necesidad de poner límites al egoísmo y producir armonía. Y esta propuesta la hace desde la figura del Estado, claro está que desde un Estado rescatado, repensando, eficiente, pero sobre todo conformado por hombres y mujeres sensibles, que participen y que sean disconformes.

Este último es quizás, el elemento más radical que propone Judt: hombres y mujeres que participen pero que sean responsablemente críticos, dentro y a través de la ley y los canales políticos, pero siempre disconformes.
Judt no apuesta, pero aspira a que haya cambios.

Sin embargo, honestamente, hoy resulta atrevido pensar que todos creemos que esto deba cambiar. No estoy seguro que la gran mayoría piense que esto está mal. No sé si realmente se quiera dejar de medir el éxito en cuentas corrientes, en ceros a la derecha, en carros blindados y escoltas… Sabemos que está mal, pero no sé si (aún) nos molesta el malestar…

Corrijo entonces el inicio de esta reseña: Algo va mal, es el nombre que Tony Judt da a su ensayo sobre, digamos, el estar-mal contemporáneo.


Juancho Pérez-Perazzo
@jonchoperez




lunes, 29 de octubre de 2012

LOS “PASAJEROS INTERESANTES”… o dejar que las cosas ocurran…



Lo confieso, soy de esos tipos que va por la vida dejando que las cosas ocurran, dándole radio de acción al – digamos – destino… ¿¡qué puedo hacer!? Así soy... quizá por eso, el anuncio que hizo KLM sobre el lanzamiento de su nuevo servicio “meet & seat”*, a mí me decepcionó.


Ahora – para decirlo en términos publicitarios – con tan sólo entrar en el website de la aerolínea y poseer una cuenta facebook o linkedin, podrás revisar quiénes van en el mismo vuelo, y al lado de cuál “pasajero interesante” sentarte (for meeting interesting passengers on your flight – palabras textuales utilizadas en el anuncio).

Por supuesto, el perfil interesante de ese pasajero se revisa y selecciona gracias a facebook o linkedin… Imagino que el criterio será linkedin si estás buscando un perfil profesionalmente interesante (un ingeniero consultor con X años de experiencia en el área financiera), o facebook si en cambio prefieres algo más bien informal (fulana con una linda foto de ella con bufanda y la torre Eiffel de fondo…), cada quien escoge con quien compartirá las horas de vuelo…

Yo cumplo con advertirle a aquellos “planificados-planificadores-de-cada-segundo-de-su-vida”, que incluso esta tecnológica opción de control y selección de pasajeros vecinos, es altamente vulnerable…

Hay dos premisas fundamentales. No se dejen engañar.

1.- Papel aguanta todo: Aunque sea en versión digital, linkedin no es más que un curriculum vitae, el mismo curriculum vitae de toda la vida. Y uno en los cv´s pone lo que quiere que los otros vean… nadie dice allí soy un tipo aburrido que colecciono estampillas (ojo, ser aburrido y coleccionar estampillas no tienen nada de malo, pero en conjunto… cooooño!) y siempre llevo conmigo mi álbum para mostrarlas. Tampoco nadie dice soy un petulante y engreído convencido de mi arrollador éxito…

2.- Photoshop arregla todo: Atención con facebook. Creer ciegamente en las fotos del perfil y en los comentarios del status no es garantía de nada. Mal aliento, ronquidos, necedades, malacrianzas, eso no se conoce por facebook, eso se descubre y se sufre sólo en vivo y directo.

Claro que chascos con pasajeros, hemos sufrido todos… pero yo soy un convencido de que es mejor dejar el “compañero” del vuelo en manos de la aerolínea (y del destino), porque con el novedoso e interactivo método “meet & seat” a fin de cuentas, si se elige mal es responsabilidad exclusiva y única de uno.

En cambio, con el método tradicional, queda esa especie de emoción del primer día de clase de cuando uno era niño… ese misterioso ¿quién me irá a tocar al lado?...

Pero si pese a todo, llega la mala fortuna, y el pasajero que nos toca de vecino no nos causa esa “primera buena impresión” tenemos el recurso de poner cara de circunspecto y no hablar… o si la cosa empeora podemos apelar a la compañía fiel de un buen libro, o al refugio blindado del ipod, o por último, recurrir al efectivísimo truco de la almohadita, la cobija y cerrar los ojos.

Bon voyage! (no sé cómo se dice en holandés)

Juancho Pérez



domingo, 30 de septiembre de 2012

De un pequeño movimiento marginal al discurso de Beirut



Puede que no todos tengamos claridad en los conceptos, pero hablar de paz, de igualdad, de libertad, de derechos, de solidaridad con los necesitados, resulta hoy normal y casi cotidiano para el hombre contemporáneo.  

Al enterarnos de cualquier hecho terrible, por remoto que sea, bien por la tele, por la prensa, por Twitter… solemos conmovernos y apuramos – aunque sea máximo en 140 caracteres – una sentencia o un comentario ante tal o cual situación.

Somos (o parecemos) una humanidad más sensible y esto ha sido claramente, una conquista de occidente, es decir, una herencia del cristianismo.

Es el legado cultural de un movimiento que se inicia en los primeros días de nuestra era, de manera clandestina y marginal, allá en los confines del Imperio Romano… y que a la vuelta de 300 años terminó por convertirse en la religión Imperial y en el fundamento angular del pensamiento occidental.

Pero ¿cómo ocurre esto? Ese es el tema que trata Rodney Stark en su libro “La expansión del Cristianismo. Un estudio Sociológico” (Editorial Trotta, 2009).

Stark, investigador, escritor y profesor universitario, deja a un lado la directa intervención providencial como explicación/justificación de conversiones masivas y nos plantea el argumento de la expansión cristiana desde su profesión: la sociología. De aquel inicial grupúsculo de no más de 120 seguidores judíos al momento de la muerte de Jesús, llegamos a casi 34 millones de cristianos para el año 350 d.C. Este crecimiento que suena y se lee milagroso, Stark lo presenta como un ritmo de crecimiento sin duda importante pero normal, a una rata de 40% por década durante los primeros siglos, lo cual ha sido el ritmo de crecimiento de otras confesiones religiosas exitosas en la historia, como por ejemplo – según el mismo autor – los mormones.

De allí entonces que para Stark, el fenómeno de la expansión no radique tanto en la rata de crecimiento, sino en lo exitoso del mensaje del cristianismo como oferta religiosa, en lo atractivo de su propuesta, en el contenido novedoso de aquella buena nueva.

El cristianismo creció como creció, gracias al testimonio de vida de los cristianos de los primeros siglos, a su ética práctica que logró inspirar a una sociedad romana agotada y vacía. Las circunstancias históricas se convirtieron en oportunidades que fueron correctamente aprovechadas, permitiendo así el posicionamiento del cristianismo principalmente en las clases medias, pero también en las clases bajas, así como en importantes, determinantes e influyentes familias de clase alta.

Según Stark, las repuestas/propuestas de los cristianos frente a temas como, el papel de la mujer en la sociedad, al trato de los esclavos, a la dignidad de todos los hombres (p.e. la condena del circo y los juegos), la activa solidaridad y el servicio desprendido ante los enfermos, llegando incluso a temas más de corte íntimo-familiar como la fertilidad, el infanticidio, el aborto… representó una verdadera revolución cultural que permitió el auge del crecimiento del cristianismo.

A dos elementos en particular da el autor especial relevancia como grandes promotores y diferenciadores del cristianismo frente a la amplia oferta de religiones existentes para ese momento: a la organización y al entramado social de las primeras comunidades cristianas, que ofrecía y garantizaba una suerte de “seguridad social” para sus miembros. Y a la actitud de los cristianos ante las grandes epidemias de viruela y sarampión que sufrió Roma en aquel tiempo. Los cristianos apoyados en su fe, ayudaban y se ocupaban de los enfermos, reduciendo así el número de víctimas, pero a la vez mostrando una clarísima actitud de servicio y solidaridad ante el prójimo que resultaba asombrosa, admirable, efectiva y por último contagiable.

El libro de Stark es sin duda un trabajo sumamente útil e interesante para los cristianos de este tiempo, pero también para los no cristianos. El cristianismo hoy igual que ayer continúa siendo y haciendo una propuesta de vida para el mundo entero.

Y les pongo un ejemplo muy actual de por qué digo esto.

Recientemente Benedicto XVI – por su envestidura quizás el más emblemático de los voceros cristianos – visitó El Líbano. 

Quisiera rescatar y compartir con ustedes, lo que para mí fue el mensaje medular de esta visita: el discurso pronunciado a los miembros del gobierno y a los líderes religiosos de ese país.
El Líbano, es la muestra viva de cómo puede darse la convivencia entre culturas, entre religiones, entre los hombres, eso es ya de por sí admirable. Pero lo es aún más al considerar su ubicación en esa zona de conflicto que representa el medio oriente.
Allá se presentó este anciano de manera osada y corajuda, a rogar y pedir paz. Lo hizo de la siguiente manera: Promoviendo una solidaridad efectiva de respeto a todo ser humano, y apoyo a las políticas e iniciativas que actúan para unir los pueblos de modo honesto y justo.
Invitando a construir un verdadero diálogo que permita una nueva manera de vivir juntos. Sobre la idea de la confianza, compartir las riquezas y las competencias, respetando la identidad de cada uno de un modo solidario, sereno y dinámico.
Y llamando a vivir un nuevo concepto de fraternidad, donde lo que una sea justamente el común sentido de la grandeza de toda persona, y el don que representa para ella misma, para los otros y para la humanidad.

En esto – nos asegura Ratzinger – se encuentra el camino de la paz.

Casi 2.000 mil años después, el mensaje de los cristianos sigue siendo un mensaje radical. Pero va más allá, sobre todo es una invitación a la acción.


Juancho Pérez

jueves, 6 de septiembre de 2012

¿VAGABUNDO FIRSTCLASS?


Leyendo hace poco una entrevista que le hicieran a Facundo Cabral y re-publicada en el aniversario de su asesinato, me topé con el concepto de “vagabundo firstclass” .

Era la manera poética – muy a lo Cabral – como él prefería definirse a sí mismo.

De entrada me gustó el término, me pareció simpático el juego de palabras así como la imagen de ese trovador hippie-viejo, viviendo en un cuarto de hotel, con muy pocas cosas, y pendiente no más de ir por ahí cantando y compartiendo verdades…

Pienso yo que a eso se refería Cabral cuando se autodefinía así: como un buen errante que iba de una parte a otra, y que disfrutaba su estilo de vida a tal punto, que terminaba por resultarle de primera clase.
Pero definitivamente, una cosa es lo poético y otra lo prosaico. La vida de un vagabundo no siempre es tan firstclass. El testimonio de Hemingway sobre su estancia en París, nos muestra la cara ruda de esta vida: el hambre.

Aunque – tras el paso de los años – Hemingway haya dicho que pasar hambre fue un ejercicio forjador de disciplina; a mí siempre me ha impresionado esa historia de cómo en esos días de recia hambre parisina, él y su esposa se las ingeniaban para que mientras una distraía al policía, el otro atrapaba algunas palomas de la plaza, rápidamente les partía el pescuezo y las guardaba en el saco, para la cena…

Con este par de antecedentes, les refiero la experiencia que vivimos en estas vacaciones familiares. Aquí va.

Barcelona es siempre un buen destino, incluso en esta época de recesión ibérica… Y si bien el manual del viajero a Europa, en su cláusula primera, diga que no se debe viajar a ningún destino europeo con niños pequeños, nosotros (mi esposa, mi hermana y mi cuñado, mis compadres y yo) hicimos lo contrario. Total: 6 adultos y 9 niños.

Una tarde, luego de un agradable día en la Barceloneta, decidimos sentarnos a comer en uno de esos bonitos restaurantes que están frente a la playa… Evidentemente, la nuestra era una mesa laaarga.

Justo a nuestro lado, en una mesa pequeñita para dos, comiendo un gran plato de paella, con cesta de pan y copa de vino incluida, estaba sentado un solitario joven (calculo que 22 años). Esta escena que contada así no tiene nada de particular, sin embargo se torna complicada al detallarla.

El solitario joven era un tipo más bien harapiento, de aspecto muy descuidado. El pelo despeinado y pegado por lo sucio. Los pantalones rotos, al igual que la camiseta ruñida, estaban muy manchados de calle, gastados, de ese color grisáceo que adquiere la ropa de los pordioseros.

De pronto, al joven terminar de comer, se paró de la mesa y se largó del restaurante. Y tras él salieron tres mesoneros a detenerlo para que pagara lo debido.

El joven escoltado por los mal encarados, casi-burlados y furiosos mesoneros, se sienta (o lo hacen sentar) de nuevo en su mesa, y le traen la cuenta.

Como podrán imaginarlo, es imposible mantenerse indiferente ante una situación como esta… Primero, considerando que todos los comensales que estamos en un restaurante, estamos allí porque tenemos hambre, incluso (o quizás más) el joven harapiento… Luego, por lo persistente de las preguntas de nuestros niños ante el revuelo… Además, por aquello de la caridad cristiana y la compasión… Además, ante estos tiempos que se viven de crisis, de “indignados”, de desempleados… Además, al ver la cara de estoy-en-aprietos del tipo…

Uno piensa en todo. Uno piensa de todo.

Unos policías se asoman en el lugar, a la espera de que sean requeridos. Los mesoneros rodean la mesa del vagabundo. Yo trato de evitarlo, pero no lo logro y volteo… Veo la cara barbuda del joven… y pienso:
¿Cómo va a salir este pobre tipo de esta situación?

Pero justo en ese preciso momento, el vagabundo comienza – con la cabeza gacha – a hablar con los mesoneros… se excusa… y así no más, como un "buen burgés", revisa en sus bolsillos y saca de su billetera una tarjeta de crédito. Uno de los mesoneros trae la maquinita, conversan entre ellos y pasan la tarjeta.
El muchacho harapiento firma el voucher. Vuelve a levantarse y esta vez, sí se va.

Otro de los mesoneros le hace señas de “ok” a los policías y estos siguen su recorrido.

El que nos atiende a nosotros, nos dice – con cara de juez – que a la cuenta total del tipo, le agregaron 10 euros más por el mal rato, la carrera y la propina…

Y yo, ante todo esto, pienso en Cabral, pienso en Hemingway y me digo: “¡carajo! este sí que es un vagabundo firstclass”.


Juancho Pérez

domingo, 26 de agosto de 2012

APROXIMACIÓN AL BIEN… (¡disculpen lo malo!)




A todos nos pasa: hay días en los cuales las cosas nos salen bien, y hay otros en los que en cambio, nos salen mal…

Les pongo un ejemplo. Antier en el trayecto de todos los días de la casa a la oficina, mientras estaba detenido en el tráfico matutino, tomé mi celular para hacer una llamada y así aprovechar el tiempo, fue entonces cuando un – en realidad una – fiscal de tránsito se acercó a mi carro y me hizo indicaciones de detenerme a la derecha de la vía. Al bajar el vidrio me increpó: ¿usted sabe porqué los estoy parando, no? 

Usted venía hablando por celular y eso supone una multa…
Intenté argumentar algo y justificarme pero al final, y en vista de lo incómodo de la situación, opté por quedarme callado y esperar mi multa.

Mientras la fiscal concentradamente iba llenando la boleta en el talonario, pude observar cómo iban pasando decenas de conductores hablando por celular, aprovechando el pesado tráfico de la mañana para así ganar tiempo, y pensé: ¿por qué a mí?

Quizás sea esta la más primaria, la más básica, la más común y elemental aproximación a los conceptos de bien y mal. De entrada pensamos que aquello que nos conviene, que nos beneficia, eso es el bien, ó para ser más precisos es lo que está bien, lo bueno. Por contrario, lo que nos perjudica, lo que nos daña, eso es el mal, ó para ser más precisos es lo que está mal, lo malo.

Que le pongan la multa a la vieja que viene delante entorpeciendo la marcha, está bien. Que me pongan la multa a mí, que sólo pretendía ganar unos minutos de tiempo, además en un asunto importante, está mal.

Así, los conceptos de Bien y Mal como absolutos, parecerían entonces más bien convertirse en conceptos relativos sobre lo bueno ó lo malo, según cada quien, en cada circunstancia, en cada momento determinado…

Pero aunque esta manera de comprender luzca práctica,  pragmática, sencilla, convincente y sobre todo muy actual; no es ni suficiente, ni cierta, ni correcta. Lo bueno y lo malo, aunque solamos (queramos) confundirlos, no son el Bien y el Mal, no son lo mismo.

Cuidado con las apariencias.

No tiene nada que ver que algo esté malo, por ejemplo morder una manzana podrida; con hacer algo malo, como incumplir una norma de tránsito; con que nos suceda un hecho natural, por ejemplo sufrir una enfermedad, o estar en el medio de un huracán; o un accidente mecánico como pinchar un caucho; ni con creer que estamos haciendo algo bueno y contrariamente estar perjudicando a otros; ó con deliberada, consciente y voluntariamente realizar un acto de maldad.

Conviene entonces que definamos – o al menos lo intentemos – qué es el Mal.

Son muchos los pensadores y sabios que le han metido cerebro al tema. Nos hablan desde la filosofía, la teología… Nos hablan de teodicea,de ponerología (¡?)… Nos señalan los tipos de mal: el físico, el moral, el metafísico… Y todo esto, a mí, un simple tipo “de a pie” más bien me confunde.

Evidentemente, yo no soy un calificado para intentar competir en este campo… no tengo nada serio ni nuevo que aportar… Pero sí creo que más allá de grandes definiciones, tratados y compendios, necesitamos tener – al menos – una suerte de referencia clara, útil, aplicable y manejable de qué es el Mal, y sobre todo de qué es el Bien, para nuestro día a día.

Me apoyo en dos autores (que a mí me han resultado muy claros) para ello.

Morris West en su autobiografía Desde la cumbre, comparte el concepto del mal que ofrece el Catecismo Holandés: el Mal es el gran absurdo, la gran impertinencia.

Por su parte Adolph Gesché, en su libro El Mal, nos dice que el mal es aquello que nos aparta de nuestro destino como seres humanos, que nos separa de lo que estamos llamados a ser.

Yo soy de aquellos que piensan, que aquí en esta vida estamos llamados a una constante búsqueda de la perfección… por supuesto, con todo lo jodido y cuesta arriba que esto suponga...eso es el Bien.

Por eso todo aquello que nos desvíe de ese camino, todo lo que nos haga peores, todo aquello que nos distraiga y nos lleve a evitar la perfección, pues es una impertinencia, es una pérdida de sentido, es un absurdo… un Gran Absurdo… eso es el Mal.

Debemos entonces estar muy atentos, y no dejarnos confundir, porque son muchas – muchísimas – las veces que nos engañamos con acciones ó situaciones que nos parecen buenas en el momento, pero que nos alejan de nuestro llamado.

En cambio, son muchas las situaciones difíciles, que a todas luces nos resultan adversas, que no logramos entender el por qué, que nos parecen inmerecidas, pero que resultan ser un camino a la perfección.

Ya lo decía al principio de este post… a todos nos pasa: hay días en los cuales las cosas nos salen bien, y hay otros en los que en cambio, nos salen mal… pero ¡ojo! Cuidado con ligerezas… procuremos mantenernos en nuestra senda.


Juancho Pérez

lunes, 23 de julio de 2012

EL BURRO ILUMINADO DE IGNACIO DE LOYOLA




Miguel de Unamuno, ese gigante del pensamiento español del siglo XX, admirador de San Ignacio (quizá por paisano) aunque no de los jesuitas y su estilo jesuítico, planteó – ¿con ironía? – en su obra Vida de D. Quijote y Sancho, que la Compañía de Jesús debía su origen al burro en el cual iba montado Ignacio en su debutante peregrinar de Loyola a Barcelona.

Este año y este mes de julio, cumplí 20 años de graduado del Colegio San Ignacio. Por supuesto hubo reencuentro, misa, almuerzo y tragos. 

El reencuentro, como todo reencuentro, supuso desempolvar anécdotas, reconocernos más viejos (algunos más calvos, unos más gordos, otros más…), pero también reencontrarnos con nuestros orígenes y nuestras creencias para seguir adelante.

Por ello, aunque la fiesta de San Ignacio se celebra el 31 de julio, he querido adelantarme y referirles esta historia.

Resuelto Íñigo (aún no había cambiado su nombre por Ignacio) a convertirse en peregrino, deja atrás en el castillo de Loyola todos sus sueños de hidalgo caballero y emprende su camino a Jerusalén.
Si hoy es complicado viajar a esa parte del mundo, imagino que en pleno siglo XVI y a lomo de burro, la aventura sería más jodida aun… pero la determinación de un hombre que quería ser santo, sumada a la terquedad vasca, sirvieron de buen impulso.

En el viaje, aún por tierras españolas, Íñigo se encuentra con un moro del cual sólo sabemos tres cosas: que iba a caballo, por el mismo camino real y que conocía (al menos lo suficiente para sacar de quicio) algo de los dogmas de la religión católica.

El moro iba a una villa cercana, Íñigo seguiría más lejos, sin embargo ambos deciden hacerse compañía durante ese tramo. Comenzarían – imagino yo – como siempre se comienza a charlar de manera polite sobre el clima, pasarían luego a hablar sobre los peligros propios del viaje: salteadores y asaltantes de camino, etc. Seguirían algunas bromas, y luego entrarían en temas más serios, como por ejemplo qué hacía cada quien con su vida.

Íñigo entusiasmado con su nuevo enfoque de peregrino, habría comenzado a contar sus planes… y eso daría paso a los temas religiosos.

La “norma estrella” de las relaciones públicas, todos la conocemos, y es clarísima: Nunca hablar de religión ni de política… La historia que aquí refiero, es muestra elocuente del porqué de esta sabia máxima.

El moro –armado sólo con el conocimiento suficiente para hacer irritar – comenzó a hablar del absurdo que le resultaba el dogma de la Virginidad. Palabras más, palabras menos, dijo que él podía incluso respetar que hubiera concepción sin hombre, pero ¡después del parto!, ya allí si le resultaba imposible sostener aquello…
Íñigo, a la fecha más soldado que otra cosa, no logra (o quizá no supo cómo) dar argumentos ante la posición del moro… Claro está que la situación se tornó muy tensa y así las cosas, el moro – que iba a caballo – decide apurar el paso y separarse.

Íñigo al principio agradece la separación… ya se había vuelto pesada la compañía… pero mientras avanza en su burro, comienza a darle vueltas en su mente la siguiente idea: este moro ha blasfemado contra su Fe y peor aún (en el código de un hidalgo) ha insultado a su  Dama, a su Señora.

Una sola obsesión se apodera de Íñigo: Honrar el nombre manchado de su Señora… dándole muerte a aquel moro grosero.

El hombre que había partido de Loyola para ser peregrino y convertirse en santo, se encuentra de pronto invadido por la rabia y el odio. Él se da cuenta de eso.  Sabe que no puede estar bien. Pero no logra controlar su ira.

Es así que ante semejante dilema, decide lo siguiente: si al llegar a la bifurcación el burro sigue por el camino que conduce a la villa, dará muerte al moro y honrará  a su Señora y a su Fe. Si en cambio, el burro toma el desvío pequeño y se mantiene por el camino real, seguirá entonces a Monserrate…

Soltó las riendas…

Y así - nos dice Unamuno - el burro “…dejando el camino ancho y llano por donde había ido el moro, se fue por el que era más a propósito para Ignacio. Y ved como se debe la Compañía de Jesús a la inspiración de una caballería”.

Para mí, la lección – aunque difícil – es muy sencilla: los temas serios se discuten con gente seria; y ante la ira mejor pasar por burro.

El resto es encomendarse.

Que les aproveche.

Juancho Pérez

viernes, 22 de junio de 2012

LA COHERENCIA DEL VALIENTE… EL CASO DE TOMÁS MORO




Anatomía del Miedo. Este es el título de un libro (Anagrama 2006) en el cual José Antonio Marina realiza una profunda descripción del hombre frente al miedo.

Pasando por los diversos miedos, desde los normales hasta los patológicos, se apoya en cuarto-bates  del pensamiento como Kafka, Rilke, Camus, Greene, y otros… para así  -en siete capítulos- presentarnos un tratado psicológico-filosófico sobre el miedo.

Pero el libro no se limita sólo a ello. Después de toda esta anatomía en la que es fácil y evidente sentirnos retratados, aparecen los dos últimos capítulos que son para mí la razón por la cual este libro de Marina se convierte en un clásico de toda biblioteca: Un tratado sobre la valentía. Así lo subtitula.

Hay un instante, en el cual el hombre supera lo neurológico y psicológico, trasciende lo animal e instintivo, y movido por un fenómeno exclusivamente humano y humanizante, se enfrenta al miedo y lo supera. Ese fenómeno es la valentía.

Rescato y comparto con ustedes, la que a mi juicio es la frase del libro: “El valiente siente miedo, pero actúa como debe «a pesar de él».”

Saber lo que se debe hacer, cómo y cuándo hacerlo, pero al final hacerse el paisano y seguir de largo, sin actuar… eso será quizás de tipos listos, astutos… pero valientes no.

Ese actuar como se debe, es precisamente, lo que definiríamos como coherencia.

Hoy 22 de junio, recordamos a Tomás Moro. Un hombre importante de su tiempo, abogado exitoso, político sagaz y admirado que llegaría a ser Lord Canciller de Enrique VIII…  pero sobre todo, un hombre valiente, un hombre coherente, a tal punto, que murió por ello.

Esta fue su decisión: no abjurar ni de sus principios ni de su religión. Acusado de alta traición fue condenado a pena de muerte. No hubo forma de convencerle que relajara su posición... ni su hija Margarita, ni su mujer Alicia lo consiguieron. El 06 de julio de 1535 fue decapitado.

El día de su ejecución, con un buen humor ejemplar, dijo al salir al corredor frío: "por favor, mi abrigo, porque doy mi vida, pero un resfriado sí no me quiero conseguir".

El hombre valiente sabe que el humor es un compañero fiel del valor.

Sus últimas palabras en el cadalso fueron de honor para su Rey, pero de entrega a su Dios. ¡Una actitud coherente con su vida!

Subido a los altares por católicos y anglicanos, por su ejemplo de hombre serio, por su coherencia y por su valentía, fue designado en el año 2.000, patrono de políticos y gobernantes.

Ese es el caso de Tomás Moro, un hombre grande para todos los tiempos.

Pero el miedo lo sufrimos todos, y por pequeñita cosa e insignificante que parezca, a todos se nos presenta la oportunidad – aunque sea una vez – de ser valientes.

Allá cada quien con sus miedos... Allá cada quien con su valentía, y con su coherencia…


Juancho Pérez

lunes, 11 de junio de 2012

BANDOLEROS, ROMANTICISMO… Y CUANDO LAS CIUDADES DAN MIEDO



Siempre me ha resultado chocante e ingenua esa postura romántica de la historia que al querer mostrar el mundo a través de su prisma, termina distorsionándolo todo.

Buen ejemplo de esto lo encontramos en la literatura (y por herencia en el cine) donde nos muestran personajes que han sido viles y nefastos, pero gracias a la pluma de un buen y romántico escritor, son convertidos y recordados como héroes épicos ejemplares.

Cito algunos casos: Dick Turpin, aquel hombre de maneras cultas pero ágil y audaz caballero, que con pañuelo en el rostro asaltaba los carruajes de los señores ricos de la Inglaterra del siglo XVIII, quitándole sus pertenencias y además cautivando a sus mujeres… o Roque Guinart aquel personaje de Cervantes, salteador de caminos, que Don Quijote se topa en su viaje a Barcelona y a quien en “tres días y tres noches” no se cansó de admirar el flaco caballero andante.

Por supuesto, ni hablar de la leyenda de Robin Hood ¡el arquetipo del forajido! Y así miles y miles más…

Hemos terminado - en los libros y en las pantallas - reivindicando y admirando a bandoleros, delincuentes, salteadores, asesinos, piratas, secuestradores, forajidos de todos los tiempos… ¡y sólo por romanticismo no más!

Pero resulta que tanto Turpin, como Roque Guinart (ó Rocaguinarda quien era el verdadero bandolero que inspira a Cervantes), eran azotes de su tiempo… 

Dudo mucho que llegaran con el pañuelo en la cara y abordaran los carruajes mientras tomaban el dinero y pertenencias, y justo antes de marcharse soltaran algún chistecito astuto y le guiñaran el ojo a la bella sobrina del gran señor… 
Por el contrario, eran hombres violentos, rudos, brutales y dispuestos a todo para lograr sus objetivos… a cometer toda clase de vejaciones y por supuesto también a matar… Eran hombres temidos y perseguidos por ello.

Visto así, para mí esta clase de tipos no tiene nada de romántico… ni antes, ni mucho menos ahora.

Hoy, en pleno 2012, vivimos en una Caracas que da miedo. Tanta inseguridad, violencia, delincuencia… una ciudad peligrosa donde los salteadores y bandoleros no son cuentos, sino realidades y malos ratos.

Ya me dirán los que se han ido afuera, con una ceja arqueada y el dedo levantado casi pontificando: “viste, por eso me fui, yo te lo dije…”

Por su lado, me dirán los racionales-positivistas con ademán científico técnico: “estos son ciclos que viven las sociedades, recuerda la Nueva York de los 70´s, la Lima de los 80´s ó la Bogotá y la Medellín de los 90´s…”

Ok, está bien… pero a nosotros, los caraqueños que hoy estamos aquí en Caracas, nos toca sufrir vivir está situación, entenderla, tomárnosla en serio y ser muy precavidos.

Aquí señoras y señores, en este punto, se acaba el romanticismo.

De políticas públicas de seguridad que hablen los expertos... pero que hablen pronto.


Juancho Pérez

martes, 1 de mayo de 2012

01 DE MAYO… Mañana cuando suene el silbato…



Cuán curioso es percatarnos de que lo que hoy celebramos tan normal y hasta sin encontrarle mucho sentido, ha sido casi siempre el resultado de luchas y procesos inimaginables  y, peor aún, olvidados.

Recordemos, por ejemplo y dada la fecha, la fiesta del 01 de mayo.

Las organizaciones sindicales y laborales de E.E.U.U., (todas menos la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo) habían convocado para el 01 de mayo de 1886, una huelga por la reivindicación de la jornada laboral de 8 horas diarias.

El lema de aquella huelga era “8,8 y 8”… 8 horas para el trabajo, 8 horas para el hogar, 8 horas para dormir.

Para buena parte de la sociedad de aquella época, la pretensión de los manifestantes era sencillamente un disparate. Los titulares de prensa del 29 y 30 de abril de 1886, calificaban la demanda del movimiento  como una solicitud inviable que era “lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo”, y en relación a la huelga en sí misma la consideraban como una convocatoria de anarquistas condenada al fracaso.

Llegó el 01 de mayo. La huelga se llevó a cabo a nivel nacional. Pero en Chicago, ciudad donde las condiciones laborales eran más difíciles y el ambiente de protesta tenía más tiempo crispado, las protestas continuaron el 02 y el 03.

El 04 se convocó a una concentración en la plaza de Haymarket… pero entre la euforia de los asistentes, la agresiva represión policial y la violencia radical de algunos “anarquistas exaltados”, todo resultó en un infierno: La detonación de un explosivo. La muerte de un capitán de la policía. La orden de abrir fuego contra los manifestantes. Heridos y muertos… ¡caos!

Como siempre, una vez retomado el orden, comenzaron las pesquisas de culpables y responsables. De 31 detenidos, al final se redujo la lista a 8 culpables (a la sazón los más vinculados al anarquismo): 3 condenados a prisión, los otros 5 a la horca.

Y así fue.

Sin embargo, también fue, que para finales de 1886 y principios de 1887, varios sectores patronales aceptaron instaurar las jornadas de 8 horas diarias de trabajo.

El éxito fue tan rotundo y tan importante, que ya para 1890, el propio Federico Engels en el prefacio de la edición de ese mismo año de El Manifiesto Comunista, reseña esta victoria del movimiento trabajador como un espectáculo.

Y repito, el éxito fue tan rotundo y tan importante, que en 2012, seremos varios los que mañana gritaremos (aunque sea muy calladito y casi en silencio) ¡yabadabadú! al sonar el silbato de salida, al más puro estilo de Pedro Picapiedras.

Esta es la historia -versión brevísima- del 01 de mayo, día internacional del trabajador, reconocido y celebrado en casi todo el mundo.

En EEUU, se celebra al trabajador en otra fecha, para tratar - a lo gringo - de olvidar el origen.

La Iglesia Católica, más sabia, más inteligente y más prudente celebra al trabajador en su día, junto (eso sí) a San José Obrero.


JUANCHO PÉREZ

viernes, 6 de abril de 2012

EL CATIRITO DE SAINT-EXUPÉRY



Un día como hoy 06 de abril, pero de 1943, Antoine de Saint-Exupéry publicó el que fuera su libro más conocido: El Principito.

¿Qué puedo decir yo de esta joya de librito que ya no se haya dicho?

Sobre él han opinado y escrito palabras bellísimas y explicaciones profundísimas, tipos inteligentísimos, filósofos, intelectuales y cuarto-bates del pensamiento.

Pero también, la gente normal y corriente, los lectores de “a pie”, hemos terminado domesticados -como el zorro- por este catirito sideral.

Aquí en mi blog rindo mi humilde homenaje y aunque la tentación de soltarme a escribir es grande… por hoy, no pienso decir más nada: el lenguaje es fuente de mal entendidos.

Me limito -no más- a invitarles a releerlo.


Juancho Pérez

viernes, 16 de marzo de 2012

SAN PATRICIO contra druidas, herejes y beatos!



Habrá quien piense – con indignación y rasgadura de vestiduras – que la batalla que Patricio, Obispo de Irlanda,  libró en su tiempo contra druidas y herejes, hoy la ha perdido.

Yo, en la víspera de la celebración del (lo pondré en inglés para que suene cómo es) Saint Patrick´s Day, compartiré con ustedes mi punto de vista, mientras me tomo con calma una cerveza negra en su honor.

Primer sorbo.

Es verdad, resulta cosa de bobos la banalización que se hace de una fiesta religiosa. Que si la 5ta avenida de Nueva York con parade, gentío, cámaras, japoneses, etc… Que si los Irish Pub del mundo entero con happy-hour, promociones y música de U2 y The Cranberries a todo volumen…  Que si litros de cerveza y borrachera… OK, lo típico!

Eso no es exclusivo de San Patricio e irlandeses. También ocurre en Margarita con La Virgen del Valle, en Cumaná con Santa Inés, en Pamplona con San Fermín, en Semana Santa… en Navidad… en fin… Resultará bobo para los bobos, pero atención: ya sea con cerveza, con duendes y tréboles, con U2 a todo volumen y japoneses… la celebración se está dando, se está celebrando la fiesta de un Santo. No nos intimidemos ni nos confundamos.

Segundo sorbo.

Claro y sencillo. Ese fue el demoledor estilo de este monje para poder hablarle a los rústicos habitantes de una Irlanda entregada a druidas y paganismo, y convencerles de su mensaje cristiano… y es que no podía ser distinto, si se ponía muy complejo a pontificar sobre temas estratosféricos, jamás lo iban a entender aquellos hombres contemporáneos suyos… pero ojo! estos hombres contemporáneos nuestros tampoco.

Tercer sorbo.

Inteligente y valiente. Con un trébol explicó – ocurrentemente – una abstracción tan difícil de entender como lo es la Santísima Trinidad: tres partes de una misma entidad. De allí el trébol como símbolo de Irlanda, de San Patricio y de su día. Y a la vez, con coraje se plantó delante de amenazas y triquiñuelas de los que mandaban por aquellos lados, y que comprendían que Patricio había llegado para barrerles del mapa a ellos y a sus disparatados engaños "mágicos".

Cuarto y último sorbo.

Patricio fue un hombre de su tiempo y actuó de acuerdo a su tiempo. Hoy nos toca a nosotros ser hombres de nuestro tiempo. Nos toca entre tanta bulla comprender lo que está pasando y cómo debemos actuar, sin aspavientos, sin horrorizarnos ni hacer escándalos, pero con sencillez, claridad y decisión. Cada quien sabrá.

Así las cosas, mañana 17 de marzo, día de San Patricio, me tomaré en su honor otra cerveza negra, pero eso sí: con mucha devoción!

Juancho Pérez

lunes, 27 de febrero de 2012

POR QUÉ TANTA CORREDERA?



La historia más o menos va así. Año 490 a.C., primera Guerra Médica – no por ser entre médicos, sino por Media región del imperio Persa, y que para los griegos al fin del día “medos” ó “persas” representaban lo mismo: el enemigo.

El rey persa Darío I, envía sus tropas comandadas por su sobrino Artafernes y el almirante Datis, con el cometido de acabar con las ciudades-estado griegas Atenas y Platea.

El lugar escogido para la Batalla: la playa de la ciudad de Maratón.Cinco días de enfrentamiento, terminaron por dar la victoria a las tropas Atenienses-Platenses (menores en número) y forzaron la retirada del gran ejército persa.

La noticia había que darla, había que hacerla conocer y celebrarla! Y es allí cuando aparece en escena Filípides, el mejor corredor-mensajero del ejército ateniense, con la misión de ir a Atenas a anunciar la victoria.

Casi 40 kilómetros distan entre Maratón y Atenas… Filípides corrió esta distancia, anunció con gritos el triunfo a los Ateniense y allí cayó (y también calló) muerto *.

A mí, de pequeño, me habían narrado este épico origen de la disciplina olímpica del maratón pero con una sola y fundamental diferencia: el mensajero había recorrido esta distancia para pedir ayuda y tropas y así salvar a sus compañeros en batalla – una causa noble y heroica.

Pero no! Resulta que Filípides corrió la distancia a pie (y me pregunto yo ¿por qué no le prestaron un caballo coño? hubiese sido más rápido y más divertido!) para anunciarle a sus paisanos que les había ido bien, que habían ganado – lo cual merecía hacerse, pero evidentemente esta es una causa más vanidosa que noble…

Pues bien, de vuelta al siglo XXI y dejando a un lado lo épico, ahora la moda es correr. 10K, 21K, 42K, correr… sin ánimos de salvar a nadie ni de anunciarle victorias a nadie… correr no más… a lo Forrest Gump!

Aquellos maratonistas flaquitos de antes, con camiseta sin manga y requeté-sudada, que uno veía entrenando por el hombrillo de la autopista hacia Caricuao; eso se acabó. Ahora corre todo el mundo, los yuppies, las models, las mamis tetonas, los flaco-gordos, y los gordo-flacos,  TODOS! 
Nike lo democratizó bien democratizado!

Las caminatas reflexivas, los paseos conversados, las excursiones largas, eso hoy día está “OUT”. 

Lo “IN” - en palabras de personal trainer - es “reventarse”… y debe ser así, al fin y al cabo es la forma en que terminó Filípides, el inspirador de tanta corredera.

Yo, so pena de estar "OUT", me quedo con lo que está "OUT".


JUANCHO PÉREZ

            
* Entonces, cuando Persia fue polvo, todos gritaron: "¡A la Acrópolis! ¡Corre, Filípides, una carrera más! ¡Tendrás tu recompensa! Atenas se ha salvado gracias a Pan. ¡Ve y grítalo!" Arrojó él su escudo, corrió otra vez como una saeta; y toda la extensión entre el campo de hinojo y Atenas de nuevo fue rastrojos, un campo que recorría una saeta, hasta que él anunció: "¡Regocijaos, hemos vencido!" Como vino que se filtra en arcilla, la felicidad que fluía por su sangre le hizo estallar el corazón: ¡el éxtasis!
Filípides (1879) poema de Robert Browning.

miércoles, 8 de febrero de 2012

HABLEMOS DE BUEYES…



Me comentaba el otro día mi hermana, entre risa y reflexión, que uno de sus hijos le preguntó curioso ante tanto afiche de candidatos: ¿Mami, por qué todos los que quieren ser jefes del país salen en la foto con la mano “así” y riendo?...

Según lo anunciado, este será el último post sobre “primarias”… básicamente porque son ya el próximo domingo.

En las entradas anteriores he venido hablando de la importancia de nuestra participación, de hacer lo que nos corresponde y debemos hacer como “ciudadanos de a pie”.

Esta vez, escribiré sobre los candidatos, y lo haré desde la pregunta de mi sobrino.

De técnicas, tácticas y estratagemas de marketing político no soy experto. Entiendo sin embargo que todo, desde el color de la camisa, la pose, la imagen, por supuesto el slogan, etc, atiende a un fin último: hacer que el elector vote por el candidato…

Cada asesor sabrá entonces qué hacer con su asesorado y cómo venderlo: que aparezca corriendo, riendo ó con cara de “poker”; con corbata, liki-liki ó con franela; que luzca audaz, “de-la-mano-con-el-pueblo” ó ungido-de-lo-Alto… Allá el candidato con su estrategia!

Ahora bien, lo que sí debemos esperar, demandar y exigir de cada uno de estos políticos, más allá de su “empaque ganador”, es que a la hora de trabajar SEAN SERIOS.

Me importa poco - muy poco - si el candidato es de izquierda, de centro, de abajo, de arriba, de derecha ó de Machurucuto.

El país necesita líderes que nos hablen en serio, pero que además se lo tomen en serio.

A mí no me venga un “líder” a pontificar de honestidad, coqueteando con sinvergüenzas. Por astuto que sea!

A mí no me venga un “líder” a pontificar de igualdad, con prebendas, camionetotas 2013, escoltas y choferes. Por importante que sea!

A mí no me venga un “líder”  a pedir sacrificios si no está dispuesto a hacerlos también. Por roloe´vivo que sea!

A mí no me venga un “líder” con romanticismos ideológicos si lo que quiere es "sentarse en la silla". Por caudillo que sea!

A mí no venga un “líder” a solucionarme mis problemas, si los puedo solucionar yo. Por entrometido que sea!

A mí no me venga un “líder”  con eso de refugiarse en lo malo que eran aquellos y lo peligroso que pueden ser estos, si sólo cree que es él quien sabe y puede. Por muy avispao que sea!

Yo creo en la gente seria, e insisto, necesitamos gente seria. 

Y ustedes dirán ¿cómo sabemos quién es serio? Eso no lo puedo decir yo aquí. Cada quien tomará su decisión y elegirá (con riesgo de equivocarnos claro está!) un candidato, pero así es la democracia, de eso se trata: el que quiera hacer las cosas bien, que venga y las hagas sin cuento, sin aspavientos, sin excusas… y si no, habrá que cambiarlo.

Ya lo he dicho antes, nos toca arar con los bueyes que tenemos, ...Ok! pero siempre y cuando sean bueyes, coño!

Termino respondiéndole a mi sobrino: Risas y manos “así” en los afiches, cómo no!, hacen falta, está muy bien!… pero seriedad en los resultados también!


Juancho Pérez

lunes, 30 de enero de 2012

AHISTÁLAVAINA, DON PEPE!…



A mí me gustan las anécdotas e historias familiares porque nos enseñan mucho… porque de allí venimos…

Hoy comparto con ustedes una en particular, que siempre me ha causado mucha gracia!

Mi abuela Ofelia me contaba que mis bisabuelos maternos, Don Pepe Belisario y Doña Baldomera Navarro (misia Mimo), se sentaban en la tardes tranquilas en la puerta de su casa en Ocumare del Tuy, y comenzaba Don Pepe a hacer planes: “Mimo ¿y si compramos ese terrenito de allá…? Metemos unas vaquitas, y quién quita, un caballo pa´los muchachos… ¿Podemos extender la casa, ampliamos…?

Y así iba el viejo con sus sueños, hasta que misia Mimo, con el estilo aterrizado de las buenas esposas le decía: ¿…y con que reales Pepe?

Ahistálavaina, Mimo! – respondía Don Pepe sonreido y cruzando las manos por detrás de la cabeza… - Ahistálavaina! 
Ese terreno nunca lo tuvo, pero sí con su esfuerzo todos sus hijos salieron adelante…

Se termina el mes de Enero y comienza Febrero, y como “las primarias” son en pocos días, en este  post, en el anterior y en el que viene, trataré sobre temas “primarios”…

Hemos escuchado en estos días toda clase de comentarios sobre y entre los pre-candidatos, “dimes-y-diretes”, el discurso se ha vuelto más frontal y más agresivo… sin embargo, a mí eso no me preocupa, es lo normal, todo final de campaña se torna más duro…

De esta contienda saldrá un ganador, y - pacto mediante - toda la oposición jugará “cuadro cerrado” con ese tercio, y se iniciará la campaña de la OPOSICIÓN, con el CANDIDATO DE OPOSICIÓN. Eso va a ser así.

Pero, lo que en cambio sí me preocupa es lo siguiente, que en el fondo de nuestro corazón,  cuando comencemos “en la tarde tranquila” a hacer planes sobre el país que queremos, el país que nos merecemos, el país que soñamos para nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos… entonces nos pongamos a soñar más de la cuenta, y pensemos en pre-candidatos y candidatos perfectos, en el “gobernante perfecto” que necesitamos, en el “líder perfecto” que nos conduzca…

…y allí entonces nos hará falta que “misia Mimo” nos aterrice y cada quien sepa responderse: estos son los bueyes que tenemos y con estos aramos…

Ahistálavaina, Don Pepe!


Juancho Pérez