Se celebró recientemente en el Vaticano, del 7 al 14 de octubre de 2026, el
encuentro conmemorativo y sinodal sobre el matrimonio, titulado «A diez años de
Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy».
Fue convocado por el papa León XIV con motivo del décimo aniversario de la
exhortación apostólica Amoris Laetitia (La Alegría del Amor), publicada
en 2016 por el entonces papa Francisco.
Este documento pontificio generó una muy seria polémica. La exhortación abordó
el delicado y complejo asunto sobre la situación de las personas divorciadas y
vueltas a casar civilmente, proponiendo un proceso de discernimiento pastoral
(es decir, un proceso de búsqueda comunitaria y espiritual) mediante el cual la
Iglesia pudiese descubrir y llevar a la práctica la voluntad divina en esta
situación histórica y concreta.
Hubo, por supuesto diversas interpretaciones sobre cuál era la intención
final del papa Francisco con esta exhortación. Para algunos, se está abriendo
la puerta para que los divorciados y cualquier persona o pareja cuya vida
afectiva o familiar no encaja perfectamente en el ideal del matrimonio,
católico puedan acceder a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía (en
casos particulares). Estos sectores consideran que el documento contradice la
doctrina tradicional – estrictamente hablando en el sentido del término – sobre
la indisolubilidad del matrimonio y el magisterio previo.
Por su parte, quienes defienden el documento, plantean que esta exhortación
consolida un cambio de paradigma irreversible. Según esta visión, la Iglesia
dejaría de lado un enfoque predominantemente juridicista para en cambio
adoptar una suerte de cercanía pastoral, basada en la primacía de la
conciencia, el valor de los procesos de acompañamiento en situaciones
"irregulares" y la apertura al acceso sacramental caso por caso tras
un discernimiento riguroso.
La división de criterios se reflejó no sólo en intensos debates y posturas
en el plano de las discusiones teóricas entre teólogos y letrados, sino que
aterrizó y se concretó en el campo de las diócesis, las parroquias y los
fieles.
Por un lado, en varias conferencias episcopales de Europa Central y América
Latina se redactaron guías pastorales para la integración plena de divorciados
vueltos a casar y parejas en convivencia. Por otro, en vastas diócesis de
Norteamérica, África y Europa Oriental la aplicación práctica mantuvo líneas
restrictivas, priorizando la exigencia de la continencia o el respeto riguroso
al fuero externo canonista.
La controversia sobre si las pautas de Amoris Laetitia constituían o no “magisterio auténtico”, es decir, enseñanza oficial de la Iglesia Católica, quedó dirimida formalmente cuando el Vaticano dio respuesta a los obispos de Buenos Aires y estas fueron publicadas en los Acta Apostolicae Sedis (el boletín oficial de la Santa Sede en el cual se promulgan las leyes, decretos y documentos magisteriales oficiales de la Iglesia). El Vaticano se pronunció al respecto dejando claro que los divorciados en una nueva unión pueden acceder en determinados casos a los sacramentos.
Pero el debate sobre su encaje teológico en el depósito de la fe sigue vivo.
¿Podríamos decir entonces que Amoris Laetitia se convirtió en una
pieza clave para evaluar la transición desde un modelo de pastoral defensivo o
doctrinal hacia un nuevo modelo misionero y de discernimiento en la Iglesia
contemporánea?
Sería temerario emitir una respuesta.
Por lo pronto, un León XIV convaleciente, ha ciertamente ratificado el
valor pastoral de Amoris Laetitia dentro de la gran tradición – una vez
más en el sentido literal del término – de la Iglesia, pero las conclusiones
oficiales del encuentro del décimo aniversario han quedado en pausa hasta que
el Santo Padre termine su recuperación y publique sus propias reflexiones sobre
las propuestas presentadas por los obispos.
Ya sabremos.
Juan Salvador PÉREZ
* Artículo publicado en El Nacional https://www.elnacional.com/columnas/2026/10/10-anos-de-la-alegria-del-amor/

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